Sexualidad de pareja complicada: cómo afrontarla juntos
Parece que hablar de sexo es algo aceptado en muchas situaciones, pero poder hacerlo con las personas con las que estás en una relación no es algo seguro.
El sexo y la comunicación tienen una relación complicada
Como hemos visto al hablar de la sexualidad reprimida y los bloqueos sexuales , vivimos en una sociedad donde abordar ciertos temas todavía es un tabú, a pesar de que los cuerpos y los mensajes seductores se utilizan a diario en el marketing. A veces esto nos da la ilusión de que la sexualidad es algo de lo que siempre podemos hablar. En realidad, ya sea que haya un problema entre las sábanas o quieras compartir una fantasía sexual con la otra persona, comunicarse claramente al respecto no es nada fácil.
¿De qué tenemos miedo?
En una relación de pareja –o en cualquier otro tipo de relación en la que compartimos nuestra sexualidad con otra persona– la comunicación es fundamental: la otra persona, por muy parecida que sea a nosotros y por mucho que nos quiera, no puede leer nuestra mente.
Sin embargo, hablar abiertamente de un problema o un deseo significa hacerse vulnerable y exponerse al riesgo de que la otra persona lo juzgue, se enoje, se ponga celosa o niegue el asunto.
Esto lleva a muchas personas a aceptar una sexualidad insatisfactoria, pensando que no pueden pedir más. Pero en este caso el sexo es sólo el contenido que nos muestra la forma y el tamaño de un contenedor mayor: la relación.
Si no me siento lo suficientemente seguro para abrirme sobre un tema tan importante, tengo que preguntarme cuáles pueden ser las razones y no centrarme sólo en el aspecto sexual, que en este caso podría ser sólo la punta del iceberg.
El origen del problema
Las creencias que hemos aprendido sobre el sexo influyen en la forma en que lo experimentamos en las parejas y las relaciones.
- Si asociamos la sexualidad con la integridad moral, las emociones que surgirán en nosotros probablemente serán vergüenza, culpa, juicio y modestia.
- Si pensamos que hay roles predefinidos en el sexo (activo, pasivo, dominante, sumiso) y que estos están asociados a roles de género o expresión de género, nos costará escapar de una forma rígida de experimentar la intimidad y nos será complicado vivirla como un mundo a explorar, que cambia y que siempre tiene algo nuevo e interesante para que probemos.
- Si pensamos que hablar abiertamente de algo que no nos gusta (¡o que nos gustaría!) supone ofender a la otra persona o demostrar avaricia, probablemente a la larga el asunto pueda salir de la cama y convertirse en una frustración que invada otros aspectos de la relación.
Trabaja en ti mismo, trabaja en equipo
Por eso, antes de pensar en solucionar el problema juntos, es importante primero hacerse preguntas sobre las propias creencias y miedos, e intentar cuestionarlos.
Además, es fundamental trabajar en tu lenguaje y en la forma como puedes comunicar una necesidad. Si acusamos a la otra persona o nos expresamos demasiado bruscamente, corremos el riesgo de expresar nuestra insatisfacción de forma destructiva en lugar de hacerlo de forma constructiva. A continuación se muestran algunos ejemplos prácticos para intentar comunicarse asertivamente:
“No me gusta la forma en que me tocas”
VS
“Preferiría que me tocaras de otra manera, ¿puedo mostrarte cómo?”
“¡Sólo piensas en ti mismo!”
VS
"¿Puedo mostrarte una manera en la que me gustaría disfrutar?"
“¡Me aburro, siempre hacemos las mismas cosas!”
VS
“¿Quieres probar algo nuevo?”
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Saber pedir ayuda
No siempre es posible trabajar estos problemas de comunicación de forma independiente. La figura profesional especializada en sexología puede dar a menudo una gran ayuda: un camino juntos no significa que haya algo que "arreglar": significa, en cambio, que hay que tomar conciencia de que la falta de educación sexual - sumada a los miedos e inseguridades personales y al hecho de no haber sido criados con pan y una comunicación eficaz - corre el riesgo de afectar a nuestra relación e impedirnos vivir bien.
¡Siempre vale la pena ponerse en manos expertas por el placer y la serenidad relacional!
Artículo de Dania Piras - Experto en Sexualidad Típica y Atípica