Las zonas erógenas
Las zonas erógenas son aquellas partes de nuestro cuerpo que, al ser estimuladas, producen placer, a veces tan intenso que puede llevar al orgasmo. Estas partes del cuerpo dan un placer más intenso que otras porque están ricamente inervadas y, por esta misma razón, están bien representadas en la parte del cerebro que recibe los estímulos sensoriales de la periferia.
Existen las zonas erógenas primarias:
- Genitales como la vulva y sus partes (labios menores y mayores, clítoris), la vagina en toda su longitud y en zonas concretas como el punto G o zona CUV y los fondos de saco anterior y posterior, el pene (aquí también lo dividimos en glande, prepucio, cuerpo entero) y el escroto.
- Ano y zona perianal
- Pezones
Y luego están las zonas erógenas secundarias como las orejas, la boca, el cuello, el abdomen, las caderas, las manos y los pies, el hueco del codo y la rodilla.
Conviene hacer una aclaración importante: la lista anterior no es completa ni definitiva. Algunas personas pueden encontrar placenteras otras partes de su cuerpo, mientras que otras pueden encontrar desagradable ser estimuladas en alguna de las mencionadas: ¡esa es la belleza de la diversidad!
Entonces, ¿cómo podemos saber qué nos gusta y qué no? Explora tu cuerpo. Experimenta en ti mismo. ¿Te gustan los toques atrevidos? ¿Y en todo el cuerpo? ¿Hay zonas que prefieren movimientos más suaves? ¿Te gustaría hacerte cosquillas? Si se estimulan varias zonas erógenas al mismo tiempo, ¿te gusta o se pierde algo de la magia? Es tu cuerpo, es tu placer así que ¡pruébalo!
Comparte tus hallazgos. Esto también es cierto para la ciencia: después de la alegría del eureka, es necesaria la alegría de compartir. Una vez que hayas descubierto lo que te gusta y cómo debe estimularse esa parte, no te guardes el secreto (sobre todo si tu pareja está haciendo cosas que no te gustan), sino explícale sin miedo qué podría satisfacerte en ese momento. Ambos saldréis más satisfechos y si hay más encuentros ya habrá una base de placer gracias a la comunicación.
Otro aspecto que no debemos subestimar son los tipos de estimulación. Quizás te haya pasado que una vez encontraste algo loco y la siguiente no. No es extraño, puede pasar. Nuestro cuerpo no tiene un solo sentido y el estado emocional influye mucho en la forma en que el cerebro recibe los estímulos.
No te limites a utilizar el tacto: ¡estimula con todo! Utiliza olores y sabores que te gusten, escucha música que te guste o ruidos que te gusten. ¿Cambia algo si tus ojos están abiertos o cerrados mientras tú (u otros) estimulan esa zona? En cuanto al tacto, recuerda que los dedos, la boca, la lengua, las cosquillas, el calor y el frío, una pluma o una pinza de ropa, la seda o el metal transmiten sensaciones completamente diferentes.
Prueba, experimenta, crea tu propia lista personal, estate siempre dispuesto a cambiarla (no está escrita en piedra) y luego compártela: este es realmente el mejor consejo que podemos darte.
Artículo de Silvia Boselli - Matrona experta en rehabilitación del suelo pélvico